La importancia del cabo radica en su doble condición de mirador de aves marinas y descansadero de migrantes terrestres, especialmente durante los pasos primaverales y otoñales.
En los verticales cortados e islotes nidifican especies estrictamente ligadas al mar, destacando las colonias de cormorán moñudo, que aprovecha las repisas inaccesibles para criar. Estos acantilados sirven también de oteadero para grandes córvidos y rapaces. Hacia el mar abierto, el cabo ofrece un balcón privilegiado para el avistamiento de aves pelágicas; en época de paso, es constante el desfile de alcatraces, pardelas, págalos y álcidos, mientras que charranes y limícolas costeras explotan los pedreros y la rompiente.
Tierra adentro, la rasa de cultivos y prados retiene a los migradores terrestres. Además de albergar paseriformes residentes, los campos abiertos cobran un gran interés en los pasos migratorios y días de temporal, atrayendo a limícolas de campiña y a singulares especies invernantes del norte de Europa.