El aislamiento que proporciona la propia orografía de las antiguas excavaciones y la densidad de su vegetación convierten a este espacio en un refugio óptimo para la avifauna, especialmente para aquellas especies que buscan tranquilidad y protección.
En las láminas de agua dulce y sus márgenes palustres encuentran un hábitat idóneo las aves acuáticas, anátidas e invernantes, así como especies que requieren de una densa cobertura de cañaverales para nidificar a resguardo. La vegetación que ha colonizado los taludes y el fondo de las trincheras romanas forma un dosel arbolado y un matorral espeso muy cerrado. Este ambiente forestal interior sostiene a una rica comunidad de pequeños paseriformes, pícidos y aves arbustivas que aprovechan la abundancia de insectos y frutos, atrayendo a su vez a rapaces forestales especializadas en cazar dentro de la espesura y a aves de presa que utilizan el abrigo de las lagunas como base para vigilar el entorno.