La gran baza de la Sierra de Penouta es su altitud y la total limpieza de su horizonte. Aquí no hay que buscar pájaros entre la espesura de las copas; las especies de este catálogo se exponen a cielo abierto o utilizan las rocas desnudas como atalayas.
Las amplias llanuras de hierba corta y matorral atlántico son el hogar perfecto de pequeños paseriformes de altura muy difíciles de ver en cotas bajas. Es el caso del bisbita alpino y el colorido escribano cerillo, que se alimentan correteando entre los pastos compartidos con el ganado. Los grandes «penedos» de granito que emergen del suelo sirven de posadero perfecto para el esquivo alcaudón dorsirrojo, que vigila desde las piedras en busca de grandes insectos. El cielo, limpio de obstáculos, es el territorio ideal para el avistamiento de veloces cazadores como el alcotán europeo o el majestuoso planeo veraniego de la águila culebrera europea. Además, cuando cae el sol, los brezales cobran vida con el misterioso canto del chotacabras europeo, una joya nocturna que encuentra aquí el hábitat perfecto para camuflarse en el suelo.