La tranquilidad de las aguas y la riqueza de sus lodos convierten a este sector en uno de los puntos calientes de la ría para la avifauna en cualquier época del año.
Las llanuras de fango expuestas en bajamar son explotadas intensamente por limícolas en sus pasos migratorios y por aves zancudas como garzas, garcetas y la emblemática espátula común, que encuentran un rincón somero ideal para alimentarse. Asimismo, la lámina de agua protegida sostiene durante el día a grandes concentraciones de láridos y cormoranes, sirviendo también de cazadero para el águila pescadora.
Uno de los mayores valores de este espacio se da al caer la tarde, cuando Gran Sol actúa como un multitudinario dormidero comunal de garcilla bueyera, congregando a cientos de ejemplares que buscan la protección del dique para pasar la noche. El entorno se complementa con la presencia de anátidas en las aguas tranquilas y pequeños paseriformes que ocupan la vegetación marginal antes de que la orilla se cierre hacia la campiña de Foxos y el cabo San Agustín.